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domingo, 2 de noviembre de 2025

La Ontología Desquiciada: El Ser bajo sospecha en el cine de Luis Buñuel.

 

Luis Buñuel (1900-1983) es una figura central del cine mundial, a menudo categorizado simplemente como el cineasta del surrealismo y la crítica antiburguesa. Sin embargo, su obra ofrece una capa de complejidad mucho más profunda: una exploración implacable de la ontología, la naturaleza del ser y la realidad. A través de la yuxtaposición de sueños, rituales sociales absurdos y la lógica de lo imposible, Buñuel deconstruye el mundo perceptible, obligando al espectador a cuestionar la solidez de su propia existencia.

Luis Buñuel no solo fue un maestro del surrealismo, sino también un filósofo visual que puso en duda la naturaleza misma de la existencia.

La ontología —la rama de la metafísica que estudia el ser y la realidad— en el cine de Luis Buñuel no busca ofrecer una nueva definición de la realidad, sino desestabilizar la ya aceptada. Sus películas son una serie de preguntas perpetuas: ¿Qué es más real, el sueño o la vigilia? ¿La realidad está definida por las leyes físicas o por las represiones y deseos humanos?

Al utilizar el lenguaje de lo absurdo y lo imposible, Buñuel nos recuerda que lo que consideramos "real" es solo una convención frágil, sostenida por la costumbre, la moral y la represión. Su legado ontológico reside en haber demostrado que, una vez que se retira el velo de la lógica, el ser queda expuesto en su forma más incierta y, a menudo, más grotesca.




jueves, 25 de junio de 2009

La tensión del azar.

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El azar también llamado hado, está presente segundo a segundo en la existencia misma. El pensar es azar, capricho, atención. El tiempo atmosférico, la luz del sol, la de la luna son variables, hay diversas tonalidades y texturas de color en cada momento: Una lígera bruma, una ráfaga de viento.

Un documental no es una obra de teatro donde las luces, los decorados, los actores y el telón repiten dos veces al día lo mismo, incluso una misma mueca o una leve sonrisa, que supongo perfeccionan en el transcurso de las representaciones, la naturalizan tanto, que casi ya no es interpretada.

Recuerdo los años de grabaciones en la naturaleza por selvas europeas, americanas y africanas. Allí, a veces inaugurabamos el mundo, pisabamos territorios que posiblemente nunca había pasado un ser humano antes. Se conocía la zona, si, pero esos miles de metros cuadradros era la primera vez que habían sido hollados por el ojo humano. Es una sensación que se tiene cuando se avanza por las trochas de cualquier bosque, alejado de la civilización. La grabación y el montaje de los documentales de naturaleza es un puzzle de azar, que con el tiempo aprendes a humanizar el "campo y contracampo" animal, ya que la belleza se manifiesta por si misma de forma lujuriosa en algunos lugares recónditos del planeta.

Ahora, no estoy en la amazonía ni el sabana africana , estoy en Jávea, sigo un guión, intento ser previsible en el trabajo. Aquí no inauguro nada y dejo ese menester a los que lo merecen. Sin embargo el azar persiste y ha alcanzado un grado de sutileza, de gracia, tal vez mayor.

Tendré que afinar las cuerdas.



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